Bernat Esteva y la importancia de las abejas

junio 25, 2014
abejas

En un país multicolor morían las abejas bajo el sol. O como me decía Sinto Planas, “jovencita (yo lo era en los 90) ‘la importancia’ nunca es un ladillo y mucho menos un titular, ‘la importancia’ siempre, siempre se reserva para la gastronomía”. Pues entonces ni patatas ni coliflor. Sin abejas, la polinización es imposible. Y las perdemos.

La Reina es como una Eva con corte de obreras y muchos Adanes, las abejas y el viento son los polinizadores más importantes en el ciclo de la vida y de hecho los apicultores han sido venerados en todas las culturas desde el principio de los tiempos. Y hasta el descubrimiento de América y la caña azucarera, nada más endulzaba alimentos y bebidas.

“Las abejas sólo pican si las molestas, y para calmar la picadura hay que aplicar hielo envuelto en un pañuelo”, comenta Bernat Esteva. Él lleva 34 años con las abejas, 17 de ellos como presidente de ABA, la Asociación Balear de Apicultura, con sede en el Pla de Na Tesa, y le han picado muchas veces.

ABA se fundó en 1981, así que ya ha celebrado sus Bodas de Plata. Los socios se reúnen cada jueves por la tarde en la sede para comentar el futuro de las abejas, el cuidado de las colmenas y los peligros que amenazan la vida de los insectos y la recolección de la cosecha de miel y el resto de producciones. ABA tiene 230 socios de una edad que bordea los cincuenta años, por lo que “necesitamos gente joven, un relevo generacional, aunque yo personalmente confío más en el relevo de mis nietos que en el de mis hijos”, dice. Su mujer, Catina, sonríe mientras apunta que “si no picasen, yo las cuidaría más”…

Empezó a fascinarse por las abejas a través de un amigo, después hizo un cursillo de apicultura y montó su primera colmena, que murió rápidamente por exceso de celo. “Intentando protegerla de las hormigas me pasé con el veneno y no quedó ni una. Ahora sé que basta con tener sumergidas las patas de la colmena. He llegado a tener casi cuarenta, ahora con 20 me basta. Para ser considerado profesional hay que tener 150 colmenas, pero dan mucho trabajo y lo nuestro es para consumo propio, familiar y de amistades”, dice Bernat.

Bernat Esteva también se dedica a ir a los colegios a explicar la maravilla de las abejas a los más pequeños, edita la revista de la asociación, ‘InformABA’, y se preocupa de todo lo relacionado con el arte de la apicultura.

El ‘menú’ de las abejas

“Ahora no hay floración con néctar o polen para que ellas trabajen bien, hay que esperar a la zarzamora y la achicoria, y a que la algarroba sude su mielato, y es muy importante que no les falte agua. La abeja sólo liba, no muerde como las avispas, así que esperan que los pájaros picoteen las uvas y los higos para ir a comer. Si vemos que hay hambruna, preparamos un jarabe dulce, por ejemplo un kilo de azúcar con un kilo de agua, para que puedan subsistir, pero con eso no harán miel, porque la miel sólo sale del néctar de las flores y ahí polinizan”, explica el apicultor.

Esteva cuenta también que las abejas se mueven en un radio de entre cuatro y cinco kilómetros a la redonda de la colmena, y cuando encuentran comida se lo hacen saber a las demás con un zumbido especial, y mediante un baile les dan la ‘dirección’. Dice que la abeja desaparece cuando no hay un apicultor que se ocupe, ya que hay un ácaro, la varroa, que parasita la ninfa y se alimenta de ella, propagándose muy rápido y terminando con la colmena.

“Además –dice- el cambio climático las despista porque las floraciones van contra su ciclo. También las merman los fitosanitarios tóxicos, sobre todo los que llevan nicotinoides usados en muchas semillas para evitar plagas, pero afecta a las abejas neurológicamente y les impide volver a casa. Las flores de las carreteras también están intoxicadas por el dióxido de carbono que emiten los coches además alteran sus corredores biológicos”. En la actualidad están permitidos 319 insecticidas peligrosos para esta especie, y su uso intensivo en la agricultura convencional provoca mortandades masivas de abejas.

Peras, kiwis, calabazas, melones, manzanas, fresas, melocotones, nectarinas o almendras son sólo algunos de los productos que podrían pasar a la historia debido al declive de las abejas y otras especies polinizadoras. Son casi tres cuartas partes de los cultivos para consumo humano los que están amenazados. Así lo afirma el informe Alimentos bajo amenaza.

Los colores y los olores

La abeja negra mallorquina es algo agresiva, pero se están hibridando con especies importadas más mansas, lo que tampoco es una tranquilidad para la continuación del ciclo de la vida.

“Los colores pueden influir en el ataque –dice Catina- porque ellas los ven polarizados, ultravioletas, así que no toleran los estampados, negros, oscuros y rojos pero puedes acercarte de blanco o de amarillo. También determinadas colonias y perfumes las alteran”. Así que hay que vigilar el ‘look’ que llevamos, según la experiencia de los que entienden.

Es curioso que se reconozcan entre ellas, ninguna obrera se equivoca de colmena o morirá atacada por las demás, en cambio los zánganos (‘vagots’), que ni siquiera pueden alimentarse solos, van de una a otra colmena ‘ofreciendo sus servicios’ de inseminación a cambio de que les den de comer. Mientras la Reina vive entre cuatro y cinco años, las obreras duran 45 días. Los zánganos dependen de su encanto…

A cada año se le asigna un color diferente, como una medalla que se pinta en el abdomen de la reina, para saber su edad, localizarla rápidamente entre millones de individuos y saber si sale de la colmena para fundar una nueva colonia o ha sido destronada por otra más joven. Como curiosidad, las nacidas este año se condecoran en verde.

Einstein y la predicción

Es vital que las abejas polinicen los bosques. El 75% de la flora silvestre se poliniza gracias a las abejas y casi el 40% de las frutas y verduras que comemos procede de la polinización que realizan estos insectos en declive. El Síndrome de despoblamiento de las Colmenas se estudia sin resultado desde 2005 y, si hacemos caso a Albert Einstein, en menos de una década se extinguiría la vida: “Si no existieran polinizadores naturales como las abejas, no habría plantas, sin ellas no existirían los herbívoros y sin éstos, los carnívoros tampoco, por lo tanto al hombre le quedarían muy pocas posibilidades de sobrevivir sin estos insectos”.

Quizás el hombre no desaparecería en cuatro años, sin embargo el modo de vida se vería afectado para todas las especie que habitamos la Tierra. La polinización no es un servicio gratuito de la naturaleza por el sólo hecho de que haya estado ahí desde el principio de los tiempos. Tiene un coste, y ese coste es cuidar el medio ambiente.

La miel y más

Realmente, la calidad de la miel y sus propiedades antibacterianas perduran en el tiempo, por lo que no es cierta la fecha de caducidad. Sus sabores son proporcionales a la floración, ya que en primavera es más frutal y para Tots Sants más oscura, de algarrobo y sotobosque. Además de la miel, las abejas nos dan própolis (maravilloso para llagas en la boca y otros usos desinfectantes), polen (ideal para la próstata, señores, y mezclado con miel alegra muchas vidas…), cera, jalea real (el mejor estimulante) y apitoxina (el veneno de abeja tiene múltiples usos y utilidades en medicina y en cosmética).

La miel de primavera cristaliza menos que la de Tots Sants, la de almendro muy pronto, pero siguen manteniendo sus propiedades. Basta con calentarla al Baño María (nunca en el microondas), pero nunca darla a niños menores de un año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). “En Mallorca todas las mieles son multiflorales, y si multiplicas la producción por el número de colmenas y apicultores censados no hay suficiente para cubrir el mercado. En Baleares pueden recolectarse entre 11 y 12 toneladas al año, en Mallorca entre dos y tres. Actualmente tenemos censadas 6.000 colmenas. Para tomar buena miel, busca en ferias, mercados y entre productores locales, pero lo más seguro es tener un amigo apicultor”, cuenta Esteva.

Texto: Blanca Garau

 

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