Agricultura, Pesca y Medio Natural constata incrementos de hasta el 45,8 por ciento en el gasóleo agrícola.
Las consecuencias del conflicto en Oriente Medio van a llegar a la cesta de la compra de Baleares antes de lo que muchos imaginan. El sector del campo y el mar lo avisan. Los costes se están disparando y eso acaba llegando al bolsillo del consumidor.
El último informe del Govern confirma una subida generalizada de los costes en el sector primario. Energía, piensos y fertilizantes se disparan en cuestión de semanas. Detrás, un factor clave: el conflicto en Oriente Medio.
Y una consecuencia clara: los alimentos podrían encarecerse dentro de nada.
El combustible, el primer golpe
El gasóleo agrícola ha subido hasta un 45,8 por ciento en pocas semanas. A eso se suma un sobrecoste del 21 por ciento respecto a la Península. Traducido: producir en Baleares es mucho más caro.
En la pesca, el impacto es aún más duro. El combustible ha aumentado cerca de un 60 por ciento. Y en muchos barcos supone más de la mitad de los costes. En consecuencia, si pescar cuesta más, el pescado también sube.
Alimentar al ganado ya es mucho más caro
El precio del pienso también se dispara. En Baleares cuesta un 16,9 por ciento más que en la Península. Materias primas como la soja suben un 11,3 por ciento. El transporte también se encarece. El resultado es directo: producir carne, leche o huevos cuesta más.
Los fertilizantes han subido hasta un 14,29 por ciento en apenas dos semanas.
Además, empiezan a registrarse retrasos en la llegada de productos. En algunos casos, hasta 3 semanas de espera.
Hoy, cultivar en Baleares ya es un 21 por ciento más caro que hace solo unas semanas.
El efecto dominó: del campo al supermercado
El sector lo tiene claro. Con estos costes, los márgenes se reducen al mínimo. Y cuando eso pasa, hay dos opciones: o se asumen pérdidas… o se suben precios. Todo apunta a lo segundo. El riesgo es evidente: una nueva subida de alimentos básicos, desde carne y leche hasta pescado.
La insularidad agrava la situación. Todo llega por barco. Todo cuesta más. Y mientras el conflicto internacional siga presionando los mercados, la tendencia no cambia y esos sobrecostes se repercuten en los precios, que ya están de por si altos. De este modo, todo vuelve a subir, salvo los ingresos de las familias. Así que toca apretarse, aún más, el cinturón porque aprender a vivir sin comer está fuera de las opciones posibles.











