¿Qué pasará ahora con el monumento? ARCA cree que la decisión del gobierno de Sánchez no tiene recorrido.
El Gobierno de España ha incluido oficialmente el monumento a las víctimas del Crucero Baleares en el catálogo de elementos contrarios a la Memoria Democrática. La resolución no deja lugar a dudas: el monolito debe desaparecer del espacio público de Palma de forma inmediata.
La presión de Més per Mallorca, junto a Memòria de Mallorca y el PSIB-PSOE, ha surtido efecto en Madrid. La Secretaría de Estado de Memoria Democrática ha firmado una resolución demoledora: el valor arquitectónico del monumento no es excusa. El texto subraya que su estética está «condicionada por su origen y lenguaje propio del franquismo«, invalidando cualquier argumento que pretenda salvarlo por su diseño.
Como propietario del parque de sa Feixina, el Ayuntamiento de Palma está ahora obligado legalmente a retirar el bloque de piedra. El monolito deberá ser trasladado a un depósito y quedar bajo custodia, con la prohibición expresa de ser expuesto al público. Para el diputado Vicenç Vidal, la victoria es clara: «No hay democracia plena mientras se ensalza la dictadura».
La noticia llega en un momento de máxima tensión. El coordinador de Més, Lluís Apesteguia, ha recordado que esta orden de retirada coincide con la derogación de la Ley de Memoria Democrática balear por parte del PP y VOX. «Las políticas de memoria continuarán», advierte la formación ecosoberanista, que ve en esta resolución estatal el arma definitiva para acabar con lo que consideran un símbolo de la «barbarie».
¿Qué pasa ahora?
Aunque cabe un recurso de alzada, el blindaje de la ley estatal parece dejar poco margen de maniobra al consistorio. La retirada de sa Feixina ya no es una opción política de Cort, sino un mandato imperativo que viene de Madrid. El debate estético ha muerto; ahora empieza la cuenta atrás para que las máquinas entren en el parque y pongan fin a décadas de polémica en el corazón de Palma.
ARCA CREE QUE LA DECISIÓN NO TENDRÁ RECORRIDO
Desde ARCA creen que sa Feixina es, ante todo, una pieza fundamental del racionalismo arquitectónico. Diseñado por el ilustre Francisco Roca Simó, un arquitecto de prestigio internacional, el monolito es una hita visual que define el «skyline» de Palma. Para los expertos de ARCA, destruir esta obra es una mutilación del catálogo artístico de la ciudad que no tiene marcha atrás.
Insisten en que la memoria no se construye borrando el pasado, sino adaptándolo. ARCA recuerda un dato que muchos parecen haber olvidado: el monumento ya fue adaptado a la Ley de Memoria Histórica durante el mandato de Aina Calvo. Aquella reforma se hizo por unanimidad de todos los grupos políticos, transformando el monolito en un símbolo que clama contra las guerras y las dictaduras. Así lo reza el hierro troquelado que lo rodea, un mensaje de paz que la Secretaría de Estado parece haber decidido ignorar.
Desde ARCAS acusan a la Secretaría de Estado de realizar una interpretación intransigente y falseadora de la realidad. «Queremos recordar que siempre hemos estado a favor de la Ley de Memoria Histórica», subrayan desde la asociación, «pero el problema es cuando se utiliza para justificar la destrucción sistemática del patrimonio».











