Dos hermanos vuelven a su hogar en Palma por la noche y se encuentran la puerta bloqueada.
Casos como el que ha sucedido en El Vivero avivan el temor de los propietarios ante la okupación. La Policía Nacional en Palma ha detenido a un hombre y a una mujer como presuntos autores de un delito de allanamiento de morada y otro de atentado a la autoridad. Los hechos ocurrieron el pasado jueves alrededor de las 22:15 horas en el barrio palmesano de El Vivero, cuando el teléfono 091 recibió la llamada de auxilio de dos hermanos que residían en el inmueble afectado.
Al llegar las patrullas del Grupo de Atención al Ciudadano (GAC), los propietarios explicaron que les resultaba imposible entrar a su propia casa debido a que alguien había cambiado la cerradura de la puerta principal. Mientras los hermanos daban el aviso, informaron a los agentes de que ya había una persona dentro y los propios policías pudieron presenciar en directo cómo un segundo individuo forzaba el acceso para entrar al domicilio.
Los policías se dirigieron a la puerta principal y confirmaron de primera mano que las llaves legítimas de los moradores ya no funcionaban. Sin embargo, al tocar el timbre, los propios ocupantes del inmueble abrieron la puerta e invitaron amablemente a los agentes a pasar al interior.
Una vez dentro, las patrullas interrogaron a la pareja sobre los motivos de su estancia en una propiedad ajena. Los sospechosos alegaron que habían entrado en la vivienda hacía dos días.
Aseguraron que habían pagado una suma de dinero a una tercera persona (un supuesto mediador o mafia de la okupación) para poder residir allí.
Admitieron que no tenían ningún documento que acreditara dicho pago y manifestaron de forma tajante que no pensaban abandonar el domicilio bajo ningún concepto.
Una vez verificada la flagrancia del allanamiento de morada, los policías nacionales comunicaron a la pareja su inmediata detención. En ese instante, la intervención se tornó sumamente violenta.
La mujer adoptó una actitud totalmente hostil y comenzó a lanzar patadas y puñetazos contra los agentes actuantes, llegando a morder a varios de ellos. Segundos después, el varón se sumó a la agresión generalizada contra los funcionarios. Debido a la violencia del ataque, las fuerzas de seguridad tuvieron que emplear la fuerza mínima indispensable para reducir a ambos individuos en el suelo.
Finalmente, tras ser controlados, se les imputó un segundo cargo por atentado contra agentes de la autoridad antes de ser trasladados a los calabozos de las dependencias policiales.













