Un pescador y el 112 salvaron a una tortuga de 24 kilos ahogada por la basura plástica.
La playa de Magaluf ha sido el escenario de un reencuentro muy especial con la naturaleza. Este lunes ha tenido lugar la liberación de Crista. Se trata de una tortuga marina de la especie Caretta caretta que ha logrado regresar a su hábitat natural tras pasar tres meses en tratamiento intensivo por haber ingerido una alarmante cantidad de residuos plásticos que ponían en riesgo su vida.
El acto de suelta se ha convertido en una gran jornada de sensibilización medioambiental. Ha contado con la presencia de decenas de niños participantes en los campamentos municipales de verano de Es Galatzó (coordinados por el Servicio de Juventud del Ayuntamiento de Calvià). Los jóvenes han podido presenciar el histórico momento y aprender de primera mano el grave impacto de la contaminación en el mar Mediterráneo.
El evento ha contado además con una amplia representación institucional liderada por el alcalde de Calvià, Juan Antonio Amengual, acompañado por los tenientes de alcalde Elisa Monserrat (Turismo y Playas) y Juan Tomás (Medio Ambiente), junto a los máximos responsables de la Fundación Palma Aquarium, Joan Rams y Débora Morrison.
La historia de supervivencia de Crista comenzó el pasado 20 de abril de 2026 cerca del cabo de Formentor, en Pollença. El pescador Jaume Cuart localizó al ejemplar flotando a la deriva y completamente inmóvil.
Siguiendo el protocolo oficial de rescate de fauna marina de Baleares, el pescador activó la alerta. Realizó una llamada inmediata al teléfono de emergencias 112. El servicio coordinó el aviso con el equipo de varamientos de la Fundación Palma Aquarium. El pescador trasladó al animal hasta el puerto de Cala Ratjada, donde fue recogida por los voluntarios para ser hospitalizada en el Centro de Recuperación de Fauna Marina.
Al ingresar en las instalaciones sanitarias de la Fundación, Crista —bautizada así por su rescatador— arrojó un peso de 24,7 kilogramos. Los veterinarios diagnosticaron rápidamente que sufría de flotabilidad positiva: un exceso de gases acumulados en su sistema digestivo que le impedía sumergirse para poder alimentarse o escapar de los barcos.
El origen de la dolencia era el reflejo de la crisis ecológica que sufren nuestros océanos. Durante sus días de ingreso bajo la estricta vigilancia de los doctores Juan Ignacio Serra y Tania Monreal, la tortuga logró expulsar una gran cantidad de basura marina como una botella de plástico monodosis de 3 centímetros, restos de porexpán (corcho blanco) y abundantes hilos de plástico y plástico de burbujas para embalajes.
Tras conseguir evacuar la totalidad de los residuos plásticos, la tortuga recuperó su capacidad de inmersión y recibió el alta médica definitiva para volver a nadar en aguas abiertas.
«Cada rescate representa una oportunidad de oro para ampliar el conocimiento científico sobre las amenazas reales que afectan a estas especies protegidas y para mejorar de cara al futuro sus planes de conservación». — Fundación Palma Aquarium.











