El presunto autor sustraía joyas y objetos de valor del interior de las viviendas a las que acudía para realizar algún tipo de trabajo.
En Palma, el Grupo de Robos de la Policía Nacional ha logrado desenmarañar una trama de traición y codicia. Un hombre, cuya identidad respondía a la de un operario común, ha sido detenido tras convertir su jornada laboral en una incursión delictiva. El escenario: las viviendas donde sus clientes, confiados, le abrían las puertas para realizar trabajos de mantenimiento.

15.000 euros en ventas ocultas
La investigación, que arrancó con fuerza el pasado mes de diciembre, puso el foco sobre un varón español tras un robo con fuerza en una vivienda vacía. Lo que parecía un hecho aislado era solo la punta del iceberg. Los agentes, en un despliegue de minuciosidad técnica, descubrieron que el sospechoso no se limitaba a una sola zona. Había tejido una red de ventas por establecimientos de segunda mano repartidos por toda la geografía de la isla. El objetivo era claro: no levantar sospechas.
La cifra que manejan los investigadores estremece: el detenido habría obtenido beneficios cercanos a los 15.000 euros. Tras él, dejaba una estela de cofres vacíos y recuerdos familiares vendidos al mejor postor. Muchos de los efectos, como pulseras de oro y colgantes, ya han sido identificados como piezas denunciadas, pero otros suponen un reto mayor para la justicia.
El silencio de las víctimas
Lo más inquietante de este caso es el modus operandi. El presunto autor aprovechaba su presencia legítima en los domicilios para sustraer pequeños objetos de bisutería y piezas de oro. Según la Policía Nacional, muchas de las víctimas ni siquiera habían denunciado el robo. En el engaño perfecto, los dueños llegaban a creer que habían perdido las piezas o que simplemente estaban mal guardadas.
La pericia de los agentes permitió conectar los puntos. Existía una similitud irrefutable: en todos los casos de desaparición de joyas, el ahora detenido se encontraba realizando algún tipo de trabajo en el interior de la vivienda. Ante las evidencias, se procedió a imputarle, además del robo inicial, otros dos delitos de hurto.
Una alianza marcada: «Rafel 24-07-98»
La operación policial no se da por cerrada. En las dependencias del Grupo de Robos se analizan ahora piezas que aún esperan a ser reclamadas por sus legítimos propietarios. Entre los efectos recuperados destaca una pieza de especial valor sentimental: una alianza de oro con la inscripción “Rafel 24-07-98”.
Este grabado podría ser la clave para nuevas imputaciones. Los investigadores no descartan que el número de afectados sea mayor y continúan rastreando cada venta realizada por el detenido. La Policía hace un llamamiento indirecto: revisen sus joyeros. Lo que usted cree una pérdida accidental podría ser la prueba de un saqueo sistemático bajo su propio techo.










