¿Cómo en pleno siglo XXI un hospital de la talla del Universitario Son Llàtzer, uno de los centros sanitarios de referencia de Baleares, podemos llevar ya tres días sin ascensores? Se respira una sensación creciente de abandono que cuesta comprender en un país del primer mundo y en una comunidad puntera como Baleares.

No es que falle uno de los elevadores, es que no funciona ningún ascensor. Solo hay algunos carteles —no en todos— que informan de la avería. Carteles mudos ante una realidad mucho más ruidosa. Hay personas mayores, con movilidad reducida, cargando bolsas, embarazadas, madres con niños pequeños…, y se ven obligados a subir por las escaleras haciendo un esfuerzo que les deja para el arrastre.
Un hospital no es un centro comercial, es un espacio donde la accesibilidad no es un extra, sino una condición básica.
Lo más preocupante no es únicamente la avería —que puede ocurrir—, sino la falta de respuesta visible. Ni información ni plazos. Tampoco parece que haya soluciones alternativas a la vista. Solo la normalización del problema. Insisto en que la accesibilidad es un derecho. Y en un hospital, además, es una cuestión de seguridad y de humanidad.
Espero que pongan pronto solución.










