Los empresarios alertan de que la algarroba puede quedarse en el árbol y denuncian la competencia desleal del norte de África.
La Associació de Trossejadors de Garrova de PIMEM lanza una advertencia clara: la caída de un 50 por ciento en el consumo de la goma de garrofín amenaza seriamente la próxima campaña de recogida de algarroba. El descenso de la demanda ha provocado una bajada de precios que pone en riesgo la rentabilidad del fruto y, con ello, la continuidad de su recolección en 2026.
La alarma se activó tras la reunión celebrada el jueves 19 de febrero de 2026 por los empresarios del sector. El diagnóstico es contundente. Si la tendencia a la baja se mantiene, muchos payeses podrían abandonar la recogida y buena parte de la algarroba quedaría sin recolectar la próxima temporada.
La ecuación es sencilla: menos consumo de goma de garrofín = menor precio de la algarroba y a una campaña que deja de ser viable económicamente.
“Es una situación muy delicada porque de nuevo un producto agrícola se ve amenazado y, en consecuencia, el sector primario se ve perjudicado una vez más, así como las empresas transformadoras de forma directa”, advierte la presidenta de la asociación, Juana Verger. El mensaje no es retórico. Es una llamada de auxilio.
La asociación reclama a la administración que active los mecanismos necesarios para frenar esta caída y evitar que el desplome del mercado se cronifique. La preocupación no se limita al precio. Va más allá. Afecta al modelo productivo y al mantenimiento del territorio.
“Tenemos que defender desde todos los frentes posibles al sector primario. No nos queda otra si queremos mantener nuestro territorio tal como lo conocemos”, añade Verger. La defensa de la algarroba se convierte así en defensa del paisaje, de la actividad rural y del equilibrio económico.
Pero hay un segundo frente abierto. Y genera una inquietud creciente. Los empresarios han puesto sobre la mesa la entrada de algarroba y derivados procedentes del norte de África. Denuncian que se está produciendo una competencia desleal. Mientras la producción europea está sometida a estrictas normativas comunitarias, la que llega de países como Marruecos, Túnez o Libia no tiene que cumplir las mismas exigencias.
El resultado, según la asociación, es una distorsión del mercado. Una presión adicional sobre los precios y un desequilibrio que castiga al productor local.
“Pedimos que todo producto que quiera entrar en Europa cumpla con la misma normativa que cumplimos los empresarios y payeses europeos. De no ser así no podemos competir de ninguna manera”, subrayan desde la entidad.












