Pòrtol ha dicho adiós a los Carnavales de Marratxí con el tradicional entierro de la sardina.
El XXXIV Entierro de la Sardina puso este martes el punto final al Carnaval de Marratxí en la plaza de Can Flor de Pòrtol. Cientos de vecinos salieron a la calle para asistir a una de las celebraciones más arraigadas del municipio. No es una fiesta es un ritual colectivo que marca el tránsito hacia la Cuaresma.

La cita arrancó en el local de la Associació de Persones Majors Es Turó, organizadora del acto. Allí tuvo lugar el velatorio de una sardina de más de dos metros de longitud. No faltaron las plañideras. Tampoco el tono satírico. El duelo, aquí, se interpreta con sonrisa cómplice. Es parte del guion. Es parte de la identidad de Pòrtol.
A las seis de la tarde comenzó la comitiva fúnebre. Delante, los Dimonis des Fang. Detrás, los portadores de la sardina, escoltas, monaguillos, el capellán y la Banda de Música. El cortejo avanzó por las calles Albert Castell, Jaume Balmes y carrer Major. Vecinos asomados. Familias enteras acompañando el desfile. El Entierro de la Sardina no es un acto simbólico sin público. Es una procesión popular.
El destino era la plaza de Can Flor. Allí esperaba el momento clave. Los Dimonis des Fang encendieron la hoguera y realizaron las tres vueltas tradicionales al fuego. Un gesto repetido año tras año. Un gesto que forma parte del ritual. Después, se procedió a la quema de la sardina. Llamas altas. Aplausos. El final del Carnaval escenificado en una figura que se convierte en ceniza ante la mirada de todos.
El Entierro de la Sardina en Pòrtol alcanza ya su trigésima cuarta edición. No es una moda reciente. Es una tradición consolidada que cada febrero reúne a vecinos de todas las edades. Humor. Cultura popular. Convivencia. Esos son los ingredientes que mantienen viva esta cita en el calendario festivo de Marratxí.
Tras la quema llegó el momento distendido. Se celebró el tradicional sorteo entre los asistentes vestidos de luto. Un detalle más dentro de una jornada que combina solemnidad fingida y espíritu festivo. Porque el Entierro de la Sardina juega precisamente con ese contraste. Funeral y fiesta. Despedida y encuentro.
La noche continuó con la habitual torrada de sardinas, brasas encendidas, conversaciones largas, música, baile en línea… El Carnaval se fue apagando al ritmo de la celebración compartida. Sin estridencias ni artificios, con la naturalidad de lo que se repite cada año y sigue funcionando.













