La preocupación por la seguridad crece en las islas, pero las medidas de protección siguen siendo limitadas
La paz del hogar es una psicosis documentada: tres de cada diez ciudadanos de Baleares viven mirando de reojo la cerradura.
Las vacaciones ya no son sinónimo total de relax y tranquilad porque salir de casa para una estancia de varios días se convierte en una preocupación tal que arruina el disfrute del viaje.
Hay un dato que hiela la sangre a los propietarios: el 32 por ciento de los baleares vive con el pánico de que, al girar la llave, alguien haya tomado su salón. La okupación ilegal ya no es un debate político, es una amenaza real que quita el sueño especialmente en ciudades medianas, donde el temor se dispara hasta un asfixiante 40 por ciento. El hogar, ese refugio sagrado, está bajo asedio y no se entiende que las autoridades, que se supone que están ahí para velar por la paz y seguridad de los ciudadanos, no tomen medidas contundentes.
El 4 por ciento de los baleares afirma haber sufrido la ocupación de su vivienda en los últimos cinco años, registrándose mayores porcentajes en los hogares con ingresos más bajos (3 por ciento) y en las viviendas de menor tamaño —inferiores a 60 m²—, donde se alcanza el 2 por ciento.
Son datos del informe ‘Seguridad en edificios y viviendas’, elaborado por Grupo Mutua Propietarios, que ofrece una radiografía de la percepción ciudadana sobre la seguridad residencia.
Se habla mucho de que los delitos bajan, pero la realidad es tozuda. Solo el año pasado se registraron 1.785 robos con fuerza en las islas. Casi cinco familias al día que vieron cómo unos desconocidos profanaban su intimidad. Alerta: si vives en una casa unifamiliar o en una planta baja, eres una diana con patas. En los edificios de una sola planta, el miedo devora al 55 por ciento de los vecinos. Saben que están expuestos y que son más vulnerables.
Aquí reside la gran contradicción, la herida abierta de nuestra sociedad. El 84 por ciento de los baleares confiesa que reforzar su casa es un esfuerzo económico inalcanzable. Queremos seguridad, pero nos falta el dinero. Vivimos protegidos por puertas blindadas a medias y ventanas que cualquier delincuente con un destornillador puede reventar. Solo el 20 por ciento de las viviendas tiene una alarma conectada. El resto… el resto reza para no ser el siguiente.











