Comer menos y moverse más no garantiza adelgazar si el organismo lleva meses funcionando en modo supervivencia.
Con la llegada del verano, miles de personas intentan perder peso mediante dietas más restrictivas o incrementando su actividad física. Sin embargo, para muchas de ellas los resultados no llegan. Comen menos, hacen más ejercicio y aun así la báscula apenas se mueve.
Lejos de ser un problema exclusivamente relacionado con la alimentación, cada vez más especialistas apuntan a la influencia que ejercen factores como el estrés, las hormonas, el sueño o el funcionamiento del sistema nervioso sobre el metabolismo.
“La mayoría de las personas que acuden a consulta con dificultades para perder peso ya han probado diferentes estrategias. Han reducido calorías, han aumentado el ejercicio y han seguido distintas dietas. Sin embargo, en muchos casos el problema no está en la falta de esfuerzo, sino en que existen sistemas fisiológicos desregulados que impiden al organismo responder como debería”, explica la doctora Alena Cámbara, directora de HINC (Holistic International Neuro Clinic).

Según la especialista, el peso corporal depende de una red compleja de factores que van mucho más allá del equilibrio entre calorías consumidas y gastadas. El sistema hormonal, la calidad del sueño, el nivel de inflamación, la microbiota intestinal o el estado del sistema nervioso desempeñan un papel determinante.
La doctora Alena Cámbara insiste en que el primer paso para abordar una dificultad persistente para perder peso es comprender qué está ocurriendo realmente en el organismo. Para ello, considera fundamental realizar una evaluación completa que permita analizar factores como el equilibrio hormonal, el funcionamiento de la tiroides, la calidad del sueño, la respuesta al estrés o el estado del sistema nervioso.
“Muchas personas intentan adelgazar sin saber desde dónde están partiendo. Sin conocer cómo está funcionando el organismo, cualquier estrategia se convierte en un ensayo y error”, señala.
El papel del estrés en el aumento de peso
Uno de los mecanismos más relevantes es el relacionado con el cortisol, la hormona que el organismo produce para afrontar situaciones de estrés.
Cuando los niveles de cortisol permanecen elevados durante largos periodos de tiempo, aumentan el apetito, favorecen el almacenamiento de grasa, especialmente en la zona abdominal, y reducen la sensibilidad a la insulina. Esta situación dificulta que el organismo utilice la grasa acumulada como fuente de energía y favorece la resistencia metabólica.
“El estrés sostenido altera profundamente la forma en que el cuerpo gestiona la energía. Muchas veces la persona hace lo correcto desde el punto de vista dietético, pero el entorno hormonal no le permite obtener los resultados esperados”, señala Cámbara. A ello se suman otros factores como las alteraciones de la función tiroidea o los desequilibrios hormonales asociados al estrés crónico.
En las mujeres, este fenómeno puede traducirse en retención de líquidos y una mayor dificultad para movilizar grasa corporal. En los hombres, el descenso progresivo de testosterona favorece la pérdida de masa muscular y el aumento de grasa abdominal, generando un círculo que dificulta todavía más la pérdida de peso.
Cuando el sistema nervioso también influye en el metabolismo
Desde HINC destacan además el papel que desempeña el sistema nervioso en la regulación metabólica. Cuando el organismo permanece durante largos periodos en estado de alerta, activa mecanismos de conservación energética diseñados para garantizar la supervivencia. Como consecuencia, el cuerpo tiende a almacenar reservas en lugar de utilizarlas.
“El organismo interpreta el estrés sostenido como una situación de amenaza. Desde una perspectiva evolutiva, acumular energía es una estrategia lógica. El problema aparece cuando ese estado se mantiene durante meses o años”, explica la especialista.
Por este motivo, el método desarrollado por la doctora Cámbara aborda la pérdida de peso desde una perspectiva integral que analiza el funcionamiento hormonal, el metabolismo, el sistema nervioso, el descanso y el contexto vital de cada paciente.
La especialista defiende además un abordaje personalizado que combine alimentación adaptada a las necesidades reales de cada paciente, regulación del sistema nervioso, mejora del descanso y corrección de los posibles desequilibrios hormonales o metabólicos detectados. Según explica, el objetivo no debe centrarse únicamente en reducir kilos, sino en recuperar el equilibrio fisiológico del organismo para que el peso se normalice de forma natural.
“Cuando el cuerpo vuelve a funcionar correctamente, la pérdida de peso deja de ser una lucha constante y pasa a ser la consecuencia de un organismo que ha recuperado su capacidad de autorregulación” y remarca que el objetivo “no es que la persona adelgace a cualquier precio. Lo importante es recuperar el equilibrio fisiológico del organismo para que el peso pueda normalizarse como consecuencia de que los sistemas vuelven a funcionar correctamente”, concluye.
HINC cuenta con un equipo especializado en medicina funcional y salud integral que aborda cada caso de forma individualizada, con el objetivo de comprender qué factores están condicionando el funcionamiento del organismo y ayudar al paciente a recuperar su equilibrio fisiológico y bienestar general.











