Jaime Dols, el último panadero artesano de Sa Cabaneta, echará el cierre en el mes de marzo

septiembre 8, 2013
Jaume Dols en el horno al que ha dedicado toda una vida

Jaime Dols Cladera está a punto de jubilarse y cuando eche el cierre a su horno de pan, cerrará tras de sí toda una vida dedicada al oficio de panadero, dejando ‘huérfanos’ a vecinos y negocios de Pòrtol y Sa Cabaneta tras 50 años elaborando de forma artesana panes de todo tipo y otras delicias horneadas, como sus famosas ensaimadas.

Con él se pierde un pedacito más de la historia y tradición de estos núcleos de Marratxí pues de momento es el único horno artesano de la zona y asegura que nadie se hará cargo después de este negocio, que abrió sus puertas allá por el 1900.

Cuenta Jaime Dols que llegó a la edad de 12 años a este horno de Sa Cabaneta procedente de Santa Maria. Un mes de agosto del año 1961.

Empezaba a trabajar a la 18.30 y terminaba a media mañana del día siguiente. Así que de lunes a viernes, apenas tenía tiempo para el descanso, y mucho menos para el ocio. “Me metía en la cama el viernes y dormía durante todo el fin de semana para reponerme”, recuerda.

Aprendió el oficio, primero con los hermanos Joan y Guillem Ramis, luego con Tomeu Fullana, y a los 18 años cumplidos tomó las riendas de la panadería “porque sino el horno cerraba”, aclara.

Además del trabajo de elaboración de los productos en el horno, del que recuerda que llegaban a hacerse cinco hornadas con 110 panes de 2kg cada una, unos 600 panes diarios, por los años 60-70 repartía el pan y las ensaimadas de puerta en puerta.

“Dejaba las ensaimadas calientes a las 7 de la mañana, primero con un carro tirado por un caballo y luego con una ‘VespaCar’, y volvía a pasar a eso de las 10 para cobrar”, explica.

Desde entonces -y hasta el próximo mes de marzo, cuando le llega su merecida jubilación- la panadería Jaime Dols ha estado abierta al público, siendo partícipe en este medio siglo de actividad, del día a día de este enclave de Marratxí.

Adaptándose constantemente al mercado, renovando maquinaria, especializando su oferta para poder competir con los precios del pan industrial de grandes cadenas y supermercados… “A día de hoy, no volvería a ser panadero… Nunca pondría una panadería”, expresa.

De hecho, para su hijo, de quién dice conoce el oficio, nunca ha deseado que siguiera sus pasos, “porque este es un oficio muy sacrificado”.

Reconoce que ahora, ha podido mantener su negocio gracias a la especialización de sus productos, elaborados con materia prima de calidad, porque «no hubiera podido vivir de la venta de barras de pan». En su horno se elaboran panes artesanos, con harina, agua, levadura, sal, mimo y una buena cocción. Destacan sus ‘llonguets’, entre otras delicias, muy demandados por los bares de la zona, las ‘vienas’, sus ‘coques’ de anís de Navidad, sus ensaimadas

Sabores, olores y texturas de toda la vida…

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