La Policía Local de Palma detiene a un hombre con una orden judicial de búsqueda en vigor.
El pasado 11 de mayo, la intuición policial fue más rápida que el instinto criminal. A las 22:20 horas, en la calle Nicolau de Pacs, una patrulla del Grupo de Actuación Preventiva (GAP) de la Policía Local detectó a un joven de 28 años, que al ver los uniformes, cometió el error clásico: el nerviosismo le delató. Su actitud esquiva fue la llave que abrió su celda.
Los agentes no se lo pensaron. Tras darle el alto, el registro preventivo reveló lo que muchos sospechaban. El sospechoso no solo caminaba con cautela, sino que iba preparado para el «trabajo». Entre sus pertenencias hallaron láminas de papel de aluminio y bolsas de plástico, herramientas rudimentarias pero efectivas diseñadas para eludir los arcos de seguridad y silenciar las alarmas de los comercios. Es el método de los que buscan el botín rápido sin levantar sospechas.
Al cruzar sus datos en la base policial, saltó la liebre. El sospechoso no era un desconocido. Tenía una orden de búsqueda y detención dictada por un juzgado de Palma desde el pasado 27 de febrero por un presunto delito de hurto. La ley le pisaba los talones desde hacía meses y el cerco se cerró en el corazón de la ciudad.
Al detenido ya le constan antecedentes por delitos de la misma naturaleza, sumando tres detenciones previas por hurtos leves. Su historial dibuja el perfil de un delincuente persistente que ha hecho del descuido ajeno su modo de vida. Tras pasar por la Sala de Atestados de la Policía Local, el individuo ha sido traspasado a la Policía Nacional para comparecer ante el juez.










