La rehabilitación de Es Corral d’Avant en Marratxí es uno de esos ejemplos que además de reconstruir parte de nuestra historia, edifican una forma de vivir alineada con valores estéticos, ambientales, humanos y sociales.

Mario Caputo, ingeniero civil, y promotor de esta maravillosa (re)construcción, lleva viviendo en Sa Cabaneta más de 25 años.

Todas sus obras se caracterizan por buscar esa comunión entre pasado y futuro, el respeto por materiales autóctonos y formas de eficiencia energética absolutamente pioneras. Por eso, cuando se topó con el abandonado Corral d’Avant, vio mucho más en él que una antigua casa de labranza y un gallinero. Vio dos viviendas, con mucha luz pero también con muy buena sombra. Espectaculares y equilibradas. En el vivo centro de la vida del pueblo, y postradas elegantemente a los pies de la Serra de Tramuntana.

Al indagar sobre el edificio, descubrió que se trataba de una de las pocas construcciones en Sa Cabaneta que forma parte del Catálogo de Elementos de Interés Histórico, Artístico y Patrimonio de Mallorca. Un dato que multiplicaba el reto arquitectónico, pero también el valor y la singularidad de las futuras viviendas. Y decidió convertir su visión, abrazada por una amigable estructura de crowdfounding, en una realidad.

Para ello, Mario se ha rodeado de un equipo multidisciplinar con un firme objetivo común: recuperar al máximo lo autóctono y utilizar los conocimientos y la tradición constructiva de la zona. A pesar de que el edificio estaba en regulares condiciones de conservación, se siguieron a rajatabla las especificaciones del Catálogo de Edificios Singulares, lo que implicó mantener la esencia y los rasgos más valiosos de la edificación. El arquitecto maratxiner Tono Vila, realizó el proyecto y para la dirección de la obra, contó con el arquitecto Simón Lecea y el arquitecto técnico Mikel Munar, ambos de amplia experiencia en arquitectura local y materiales autóctonos.

No olvidemos que Sa Cabaneta y Pòrtol son poblaciones que conforman la “ruta del fang”. Las canteras de arcilla de los alrededores, explotadas de forma sostenible, han sido uno de los principales materiales empleados, junto con el marés, la piedra arenisca utilizada en fachadas y muros tan característicos de la zona. En el caso de la vivienda mas pequeña, donde se solían guardar los carruajes de la finca, se preservó la fachada de marés y, ante la imposibilidad de rehabilitar el portón, se realizó una fiel réplica en madera noble. Para la entrada de la casa principal, se utilizaron piedras extraídas de la propia edificación, así como de las ruinas de una casa cercana. Se recuperaron también gran parte de las tejas originales además de otras recicladas de derribos aledaños. El resto de materiales y acabados fueron elegidos siguiendo el mismo criterio y sensibilidad: suelos hidráulicos de Inca, revestimientos exteriores a la cal producidos en Felanitx, carpintería de madera de Iroko y suelos exteriores realizados in situ según el método tradicional, con una retícula creada ad hoc que se replica en la estructura que sostiene la parra de la entrada. Toda la construcción es tan artesanal y está tan llena de genialidades, que no es de extrañar que se tardara casi dos años en finalizar.

El resultado es una recoleta vivienda de unos 100 m2 magistralmente aprovechados, incluyendo jardín y piscina; y una amplia edificación de 220 m2 pensada con pragmatismo para ser vivida con hedonismo.

Un generoso salón con chimenea se asoma a la parte apergolada del jardín mientras la cocina se ensambla a la perfección con la zona exterior de barbacoa. En la planta baja, todos los dormitorios cuentan con baño propio, y en la superior una suite XXL y se abre a una terraza llena de posibilidades con vistas a la Sierra de la Tramontana y a un afrutado jardín con piscina. Para la calefacción y el agua caliente se eligió uno de los sistemas más sostenibles que existen, la aerotermia, que aprovechando las diferencias de temperatura entre interior y exterior proporciona frío en verano y calor en inverno. En este sentido se ha contemplado que los futuros (y afortunados) propietarios puedan instalar otros sistemas ecoeficientes como placas para captación de energía solar fotovoltaica, instalación robótica para una casa inteligente, detección de intrusos, control remoto de climatización e iluminación, etc.

Pero las prácticas sostenibles, no sólo son el objetivo, sino que son también parte del camino. En ese sentido el jardín es otro hermoso y cabal ejemplo de esta forma de vivir. Para su diseño se contó con la paisajista Tachi Leoz, que se guió por la filosofía inicial del proyecto: conservar lo que sea posible y lo nuevo, que sea de aquí. Partiendo de la presencia original de una higuera, un almendro y un acebuche, se plantó un naranjo, un ciruelo, un limonero, un manzano y un cerezo, todos ellos especies autóctonas. El césped, como no podía ser de otra manera, es de grama mallorquina, una variedad algo más dura pero más resistente y con menor necesidad de agua.

Y por fin, Es Corral D’avant, está listo para volver a albergar vida. La vida de alguien sensible a las formas y a la eficiencia, capaz de abrazar la modernidad y el legado de un pueblo. Alguien que merezca una buena vida. Aunque se dice que en realidad son las casas que eligen a las personas, no al revés. Si es así, por favor, Corral D’avant… elígeme a mi!

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